martes, 17 de agosto de 2010

Flechas en la noche

Poder tirar en la noche es una experiencia única de la que me he dejado llevar.

Hoy volví a coger el arco después de mucho tiempo. Las obligaciones, los líos, los compromisos, al final todo son excusas que me alejan de él. Es curioso, paso casi todo el día entre arcos, flechas, campos de tiro, arqueros, dianas, herramientas… y cada vez tengo menos ocasiones y tranquilidad para relajarme un rato con uno de mis arcos en las manos.

Hoy ha sido distinto. Me ha salido de dentro, he recompuesto el arco de poleas con los “trozos” que he ido prestando aquí y allá en el club y me he aventurado a pasar un rato tirando flechas.

Ahora son las doce y media de la noche, hace treinta minutos que acabé. Ha sido una experiencia muy gratificante compartir la noche con la diana, las flechas y los habitantes habituales del entorno. La naturaleza se escuchaba a mi alrededor… y nada más. He sentido una sintonía con el medio que me ha embargado. El vuelo de las flechas se confundía entre el chirriar de los grillos, una lechuza expectante no me perdía de vista pasando una par de veces sobre mi cabeza a media altura en dirección a sus ramas habituales de vigilancia nocturna. El sonido de mis pasos en dirección a la diana amplificaban la sensación de soledad y quietud, todo estaba bien, cada sensación en su sitio.

El tensado del arco, el gesto técnico, la respiración, el apuntado… todo surgía de la noche en calma, todo era parte de la noche. La liberación de cada flecha llevaba algo de mí hasta la diana, sin prisas, surgiendo en sí misma, encontrando un bienestar tranquilo.

Quise acabar en medio de la paz a la vez que un carabán parecía despedirse a gritos. Deseaba no forzar el estado y no esperar al cansancio o el dolor. Me he traído parte de lo vivido ante estas teclas para plasmarlo y no olvidarlo mientras el ave se alejaba dejando su eco. Hoy he tenido un tiempo de paz, un tiempo de sinceridad y verdad, esta noche me he permitido ser yo.