Los artículos anteriores traen a colación una vieja disputa a la que pude asistir en distintos foros hace años y que, a veces, continúa en boca en algunas ocasiones; ¿los buenos resultados consisten en tirar siempre “igual” de mal o es mejor tirar bien?
Quizás lo primero que debería abordar es cómo definir “la técnica”. De todas las definiciones existentes creo acertado considerar por su sencillez y claridad la expuesta por KURT MEINEL (1978), Doctor en Filosofía y Catedrático de Teoría de la Educación Física en la Escuela Superior Alemana de Formación Física, que entiende la técnica como "un procedimiento que conduce de una manera directa y económica a conseguir un alto resultado ". Esto es, la define como una actuación o conjunto de actuaciones (“procedimiento”) que busca el mejor resultado con el menor esfuerzo posible. El concepto de técnica está estrechamente relacionado con la “Coordinación Motriz”, definida por el propio MEINEL como "el ordenamiento y la organización de acciones motoras ordenadas hacia un objetivo determinado". Así mismo, CASTAÑER Y CAMERINO (1990) la definen como “La capacidad de regular de forma precisa la intervención del propio cuerpo en la ejecución de la acción justa y necesaria según la idea motriz prefijada".
El gesto técnico concreto en tiro con arco se establece pues a partir de la experiencia acumulada de años de observación y estudio de las acciones motrices necesarias encaminadas a conseguir un objetivo motor concreto, acumulando el conocimiento en secuencias específicas que definen “el procedimiento” más adecuado para llevarlo a cabo.
Yo hace tiempo que tengo las cosas claras desde mi punto de vista. En nuestro deporte lo de “tirar siempre igual de mal” tiene sus recompensas, es decir, a veces se llega a hacer una cantidad respetable de puntos por motivos inherentes a la intuición del arquero, su pericia, inteligencia deportiva, experiencia, constancia… o todo a la vez, para entendernos. La capacidad de repetir un gesto siempre de la misma forma es importante para que un arquero tenga resultados estables, pero una vez llega a su límite éste no lo sobrepasará nunca si su técnica no es correcta o no mejora, además, será más susceptible a baches de rendimiento por infinidad de motivos relacionados con una mala coordinación motriz. Las listas de campeones está repleta de arqueros que han ido cambiando su “coja” forma de tirar en un momento dado para llegar posteriormente más allá… y hablamos de campeones, personas que se les presupone el resto de capacidades necesarias.
El objetivo que deberíamos tener todos los entrenadores es enseñar al menos la técnica lo más correcta posible, el procedimiento más adecuado para cada cual a partir de nuestra experiencia y conocimiento y conseguir de esta forma que el límite de rendimiento esté lo más lejos posible, que la técnica no sea el impedimento para la mejora futura del deportista. También está el factor físico que de forma inseparable irá unido al progreso y al que hay que prestar también atención. La condición física del deportista es vital en este proceso, debiendo adaptar el procedimiento a cada caso concreto en función de su interés, capacidad, tiempo y destreza. Por supuesto que hay más factores, pero ahora me estoy refiriendo al puramente funcional.
No existe el arquero perfecto, todos los que han existido en la historia de la humanidad hasta ahora son susceptibles de mejora, nadie ha hecho los 1440 puntos y el día que lo hagan, si llega, las dianas las harán más chicas o difíciles y volveremos a empezar. El camino hacia la perfección es lo que alienta a los deportistas competitivos a prosperar y ese camino sólo se alcanza a través de la técnica y la mejora de los distintos aspectos que influyen en el tiro. Hacer las cosas mal no es el camino adecuado, además, al ser humano no lo inventaron y evolucionó para realizar tareas repetitivas idénticas de forma constante, es algo que debemos aprender e intentar ir asimilando poco a poco de la mejor y más efectiva forma posible. La técnica correcta, las acciones motrices concretas y adecuadas a cada uno simplifican las cosas en esa “lucha anti natura” que de alguna forma mantenemos los arqueros.
Cuando le técnica es dominada, cuando las condiciones físicas son las adecuadas, podremos también centrarnos en el camino propioceptivo, es decir, nuestras sensaciones físicas. Nivel de activación, equilibrio emocional, humildad, integración con el entorno, capacidad de focalización, expectativas, miedo al fracaso, positividad, miedo escénico, control del presente, etc, etc… son facetas que de forma ineludible, aunque latentes en algunos casos, caminan con el arquero como ser humano en el plano subjetivo que es e influyen directamente en la percepción de sí mismo, interpretando su realidad y por implicación afectando en distintas medidas su control motriz general y el autoanálisis correspondiente.
Conceptos como la motricidad, la psicomotricidad, el camino propioceptivo o la condición física son aspectos que merecen sin duda un análisis más específico que seguro intentaré abordar próximamente en otro artículo.